“Nuestro lema es: más humanos que los humanos” (Blade Runner, 1982).

Asusta, ¿verdad? Pues nada más lejos de la realidad. Como sabréis, el argumento de la película de ciencia ficción Blade Runner transcurre en noviembre de 2019 (yo siempre tan acertada con las fechas) y describe un futuro en el que mediante bioingeniería se fabrican humanos artificiales llamados replicantes y todo el mundo va en coches voladores.

Bueno pues por ahora ni replicantes ni coches voladores, por lo que es cierto eso de que se nos da muy mal predecir el futuro. Pero lo que sí es verdad es que ya contamos con inteligencia artificial (controlada por supuesto, no como en la película) que nos ayuda en nuestras vidas y, además, contamos con tecnologías que en 1982 habrían sido impensables.

Así que propongo que nos dejemos de predicciones y que nos dediquemos a las tecnologías que ya se están utilizando. Es el caso de la cadena de bloques o Blockchain. Si ya leíste mi entrada “Yo te invoco, Legaltech, ya sabrás de qué hablo: se trata de una tecnología digital que garantiza la veracidad de las operaciones por internet.

En esta entrada vamos a hablar de la famosa Blockchain, su funcionamiento, características, aplicaciones prácticas y problemas.

¡Venga! Sigue leyendo que esto se anima.

1. Mi nombre artístico es Blockchain.

Pues sí, amigos, como traductora me repatea tener que utilizar a veces anglicismos, pero es cierto que el término en inglés ha calado más en todos los sectores que “cadena de bloques”. Esta tecnología data de finales de los noventa, por lo que por poco se incluye en Blade Runner (bueno quizás no es tan interesante como un coche volador), así que tiene una larga trayectoria a pesar de su escasa regulación.

Se trata de un registro compartido por millones de ordenadores conectados donde se inscriben y archivan las transacciones de dos partes de manera verificable, permanente y anónima sin necesidad de intermediarios. Entre las aplicaciones prácticas de esta tecnología, podemos destacar la famosa criptomoneda denominada bitcóin y los Smart Contracts (contratos inteligentes), de los que hablaré en las próximas entradas.

2. Pongámonos técnicos.

Ahora viene lo bueno. Para que podamos entender cómo funciona esta tecnología sin pensar que es simplemente magia caída del cielo de los frikis informáticos, necesitamos ponernos un poquito técnicos. Prometo no hablar en klingon:

Desde siempre las empresas e instituciones han utilizado libros para crear y mantener registros de transacciones. Tanto las Administraciones públicas, como los bancos y las empresas titulares de dichos libros pueden actuar como intermediarios cuando otros agentes interesados precisan de tal información para realizar transacciones. Y aquí entra nuestra amiga Blockchain que, mediante un protocolo informático de código abierto, permite gestionar bases de datos de forma descentralizada, sin necesidad de contar con una autoridad central o entidad titular de la información, que actúe como garante de su corrección y como intermediaria en las transacciones realizadas.

Esta tecnología permite crear redes para compartir libros registro de transacciones electrónicas, los cuales se encuentran distribuidos entre los participantes de la red. Cada uno de los usuarios tiene una copia original del libro registro y por ello cada uno puede establecer si las operaciones del resto de usuarios se pueden realizar o no. Cuando la mayoría de los usuarios está de acuerdo con una actualización del libro registro, el contenido aprobado queda incorporado sin necesidad de intervención de una entidad que certifique la información.

En el libro registro, las transacciones se agrupan en bloques con la información sobre las últimas transacciones realizadas en un determinado período de tiempo. Estos bloques se van añadiendo de forma sucesiva al libro registro en la red a medida que se van formando. Cuando un bloque de información se incorpora al libro registro, queda vinculado al bloque aprobado anteriormente, de modo que se encadenan entre ellos, que es posible gracias a un sistema criptográfico, que convierte las redes Blockchain en registros prácticamente inalterables.

3. Caso práctico: transacción con bitcóin.

Nuestros protagonistas son Rick y Zhora (sí, estoy intentando ganarme al público de Blade Runner). Rick quiere hacer una transferencia a Zhora de dos bitcóins. Para ello, se tienen que descargar el programa informático correspondiente y así poder acceder a la red Blockchain concreta (en este caso bitcóin), además de obtener las firmas criptográficas y crear una cuenta en un monedero virtual.

  1. Rick propone al resto de los usuarios la transacción de traspaso de dos bitcóin a Zhora.
  2. Los usuarios validadores comprueban este mensaje (si el usuario dispone de la cantidad de bitcóins o si existe tal usuario).
  3. Si esto es correcto, los usuarios validadores calcularán su hash (parecido a una huella dactilar).
  4. La transacción verificada se incluye en un bloque con las últimas transacciones recibidas.
  5. Se envía la nueva versión del libro registro a todos los usuarios. 

4. Pero, ¿de verdad merece la pena esto?

Si esta tecnología está tan de moda, por algo será, ¿no?

-Transparencia:

La máxima aquí es que todos los usuarios tienen la información sobre las transacciones que se efectúan por el grupo. Además, se trata de protocolos informáticos de código abierto, por lo que el acceso al diseño de la programación es también libre. Las transacciones son visibles, pero vinculadas a un código, lo que ha ocasionado que se hayan vinculado algunas de estas redes a actividades ilícitas (este es uno de los problemas a raíz de su carácter transparente).

-Irrevocabilidad

Como consecuencia del encadenamiento sucesivo de los bloques basado en la criptografía, el contenido de la cadena de bloques es inmutable. Si un usuario decide cambiar el contenido de la cadena de bloques alterando una transacción ya realizada e incluida en un bloque, provocará que el contenido de su versión del libro registro varíe, un cambio que será fácilmente identificable por el resto de los usuarios. Por lo tanto, a la hora de someter a aprobación una nueva transacción, estos no aceptarán su versión del registro, puesto que el contenido será distinto.

5. Vale, pero, ¿para qué se usa?

-Criptomonedas:

Como ya hemos mencionado antes en el caso práctico, la aplicación estrella de la Blockchain es el uso de las criptomonedas. “La divisa del futuro” o bueno del presente, porque ya hay millones de personas utilizando este dinero digital. Se trata de apuntes contables en un libro registro digital y compartido entre los usuarios de una comunidad, quienes le atribuyen un valor. Hoy en día existen miles de criptomonedas, cientos de ellas son creadas cada semana, aunque las más extendidas son el bitcóin (BTC) y el ether (ETH).

-Oferta inicial de monedas (Initial Coin Offering):

Las denominadas ICO (por sus siglas en inglés) son activos virtuales que se han convertido en un valor de cambio. Es decir, a cambio de una moneda virtual (también llamada token), se ofrece un vale virtual que funciona como apunte digital del derecho a obtener el beneficio correspondiente (por ejemplo, la compra de un producto que no se haya lanzado todavía al mercado).

-Contratos inteligentes:

Los famosos Smart Contracts, que están en boca de la mayoría de bufetes de abogados, son contratos autoejecutables que utilizan código informático para conseguir que la ejecución de los acuerdos de voluntad no dependa de la contraparte o de terceros. El código contiene instrucciones, almacenadas en una red Blockchain, para que, en el caso de que se den una serie de circunstancias, se produzcan una serie de consecuencias.

-Gobernanza de organizaciones:

Se ha podido comprobar que esta tecnología ayuda a agilizar la gestión y gobernanza de las instituciones, ya que proporciona una mayor seguridad y transparencia a las votaciones electrónicas, además del anonimato en las consultas. Asimismo, se ha visto su utilidad para la gestión documental y la firma electrónica.

6. No es oro todo lo que reluce.

Como todo en esta vida, no todo iba a ser lindezas. Toda tecnología tiene una cara B que puede resultar un tanto amarga, sobre todo si la vemos desde perspectiva jurídica. Lo primero que quiero recalcar es que la mayoría de juristas sostienen que los problemas principales de la Blockchain se disiparían si se contara con una sólida regulación. Aunque no es tan fácil, ya que el carácter de software libre que tiene esta tecnología hace que alguna propuesta de regulación no sea sostenible con su idiosincrasia.

-Protección de datos:

¡Ay, nuestro amado RGPD! ¡cómo no lo vamos a querer! (sobre todo los traductores). La protección de datos es un asunto clave estos días, sobre todo teniendo en cuenta los últimos escándalos de las tecnológicas más poderosas. Por ello, es preocupante el hecho de que la Blockchain entre en conflicto con algunos aspectos clave del RGPD, como el derecho al olvido. Algunos de estos problemas pueden resolverse mediante acuerdos entre las partes involucradas y se pueden aplicar soluciones como las funciones hash criptográficas.

-Propiedad intelectual:

¿Y quién es el titular del software de una red Blockchain? Al ser una tecnología de código abierto, esta cuestión no queda nada clara y puede suponer un grave perjuicio para los derechos de propiedad intelectual, que comprende patentes, derechos de autor, información confidencial o secretos comerciales y derechos de bases de datos.

Además de la falta de regulación de esta tecnología, tenemos que destacar su posible vinculación a actividades ilegales o fraudulentas, el alto riesgo de pérdida del capital invertido, la falta de liquidez de la inversión, información deficiente a inversores y posibles fallos en la tecnología.

Espero de verdad que hayas disfrutado leyendo esta entrada sobre Blockchain y que puedas utilizar esta información para tu trabajo, formación, para ganar en el Trivial del futuro (aunque viendo lo bien que se nos da predecir, a saber qué se pregunta en el Trivial del futuro) o para impresionar a tus amigos un viernes por la noche.

¡Comparte si te ha gustado y nos leemos pronto!