“El lenguaje nos utiliza a nosotros tanto como nosotros a él. De la misma manera que los pensamientos que queremos expresar guían nuestra selección de formas de expresión, el modo en que percibimos las cosas del mundo real domina nuestra manera de expresarnos sobre esas mismas cosas”. (Robin Lakoff)

¡Hola de nuevo, tradufrikis!

Como esta va a ser la última entrada del año, aprovecho la oportunidad para felicitaros las fiestas y para desearos un feliz 2019 en el que, por encima de todo, sigamos siendo frikis de las lenguas y continuemos disfrutando con ellas, tanto fuera como dentro del trabajo.

Después de esta felicitación digna de la Casa Real, me sumerjo una vez más en las entrañas de la lingüística para brindaros esta entrada titulada “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus: Diferencias de género en el lenguaje”.

Ante todo, quiero indicar que esta entrada bebe de un estudio que realicé durante mi Grado en Traducción e Interpretación para la asignatura de Lingüística Aplicada a la Traducción. Por ello, está basado en estudios lingüísticos anteriores y se llevó a cabo de la forma más objetiva y científica posible (¡qué bien me ha quedado esto, oye!).

En esta entrada hablaremos sobre las diferencias de género que (en general) se pueden encontrar tanto en el plano oral como en el escrito. Para ello, me he basado en un experimento que realicé durante la carrera con alumnos de mi antiguo instituto.

¿Estáis listos para emprender este viaje interplanetario?

¡Allá vamos!

Diferencias de género en el lenguaje

Los hombres van al grano, las mujeres se extienden en los detalles; ellos tienen un estilo informativo, ellas emocional; a ellos les gusta llamar a las cosas por su nombre, ellas prefieren el eufemismo; ellos afirman, ellas preguntan.

Todas estas afirmaciones pueden parecer generalizaciones sin fundamento que quizás solo promueven la división entre géneros. Pero el estudio sociolingüístico de las diferencias de género en el lenguaje va mucho más allá, ya que pretende observar de manera empírica cómo utilizamos el lenguaje y si hay determinadas características de género, sociales, demográficas o étnicas que conforman nuestra expresión lingüística.

A continuación, me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones que he extraído de estudios lingüísticos. Por ejemplo, la observación de Pilar García Mouton: “Desde pequeñas, las mujeres están acostumbradas a hablar mucho entre sí. Hablan de sentimientos sin pudor, los destripan y los analizan, en general, con mucha mayor facilidad que los hombres. Verbalizan sus problemas y parecen resolverlos de alguna manera al contárselos a sus amigas. Para ellas, hablar es como pensar en común. En cambio, para el hombre, la comunicación suele tener una función eminentemente práctica, así que tienden a ser concisos y concretos y a no hablar de sus sentimientos, entre otras razones, porque tienen pocos recursos (falta de entrenamiento en la infancia, algo que a la mujer le sobra)”.

Las mujeres son más expresivas y suelen utilizar los siguientes recursos expresivos: uso exacerbado de adjetivos, superlativos, partículas intensivas, diminutivos, eufemismos e indirectas, entre otros. Parece haber consenso entre los sociolingüistas a la hora de afirmar que ellas se preocupan más de cómo se expresan. Asimismo, se asume que tienden a copiar las costumbres lingüísticas de un nivel social superior al suyo. Por ejemplo, son muy receptivas a los neologismos y se convierten en maestras del eufemismo con tal de no utilizar palabras tabú (sexo, enfermedades, tacos). Son más propensas a admitir cambios en su lenguaje si es para mejorarlo y hacen un esfuerzo extra, en caso necesario, para hablar correctamente en presencia de extraños.

Otra de las investigadoras sobre el tema es Silvia Nieto, que en su artículo “Investigación/El lenguaje de ellas” expone algunas de las diferencias de género en el lenguaje. La autora destaca que las mujeres usan con frecuencia palabras comodín o muletillas, que según varios estudios sociolingüísticos puede deberse a una falta de seguridad que suele darse entre las mujeres.

En cuanto al criterio fonético-fonológico, cabe destacar las diferencias de entonación entre hombres y mujeres: estas poseen una entonación cantarina con un acento rítmico más marcado (variación de tonos e intensidad) y una gama más amplia de modelos de entonación que los hombres, ya que, según algunos autores, las mujeres realizan esta acción porque creen que no las escuchan.

También se puede ver una clara diferencia a la hora de construir oraciones: los hombres suelen utilizar con mayor asiduidad la voz pasiva y las oraciones subordinadas, mientras que las mujeres prefieren la voz activa y la coordinación (sintaxis rápida con supresión del verbo), ya que la gradación entre las ideas no se marca gramaticalmente sino emocionalmente por el acento y la entonación.

Mi pequeño experimento

Creyéndome la Dra. Frankenstein, me dispuse a realizar un pequeño experimento sociolingüístico con alumnos de mi adorado antiguo instituto. Me basé en un estudio previo llevado a cabo por Swacker en 1975 en el que solicitó a hombres y mujeres que hablaran sobre unas imágenes y grabó estas entrevistas para después confrontar los datos sobre las diferencias de género en el lenguaje.

Siguiendo su ejemplo, le pedí el favor a una antigua profesora de mi instituto para que me dejara a seis alumnos de la ESO y seis de Bachillerato (tres chicos y tres chicas de cada grupo) para que me describieran cada uno dos imágenes: la primera era un paisaje y la segunda un retrato de grupo. Grabé las entrevistas y analicé los rasgos más característicos, como los adjetivos, las construcciones sintácticas, las muletillas, el léxico y la entonación.

A continuación, os muestro en este cuadro una muestra de los principales resultados del experimento a partir de las grabaciones de los alumnos:


Si comparamos los adjetivos utilizados por ambos grupos nos daremos cuenta de que el número de adjetivos utilizados por las chicas es mayor que el de los chicos. Lo que llama la atención también es que la mayoría de los adjetivos usados por las chicas son abstractos (débiles).

En segundo lugar, hago una comparación entre las diferentes construcciones sintácticas, semánticas y verbales: las chicas usan la coordinación y los chicos la subordinación. Las chicas muestran un manejo especial de los recursos estilísticos (gran profusión de estructuras comparativas), los chicos son más espontáneos y expresan sus propias posturas (esta imagen no me transmite mucho). Las chicas imaginan (parece como si estuviera tomada desde un mirador), hacen análisis psicológico y se centran en describir los detalles, mientras que los chicos se dedican exclusivamente a describir el conjunto.

Las muletillas son muy importantes a la hora de hacer un estudio comparativo del lenguaje de género: ellas utilizan muchísimas ya que no se sienten nunca seguras, parece que piden perdón por cada palabra que pronuncian, ellos en cambio las utilizan la mayoría de las veces para unir frases o para darles tiempo a pensar y no se cortan ni un pelo en decir: «¡ya está!».

En cuanto a la entonación, mientras que ellos tienden a la regularidad, ellas pronuncian el final de muchas de las frases afirmativas como si fueran preguntas (signo de inseguridad).

Por último, las diferencias en el léxico: las chicas utilizan más sustantivos abstractos que los chicos, en cambio éstos utilizan un léxico muy espacial, ya que, en general, desde pequeños usan con gran maestría términos como derecha, izquierda, arriba y abajo. También se puede ver una elaboración mucho mayor en el léxico femenino que en el masculino, palabras mucho más refinadas que nunca usaría un hombre (elegante, facción).


Espero que os haya gustado esta extensa entrada sobre las diferencias de género en el lenguaje y que además os haya picado la curiosidad lingüística para investigar más sobre este tema.

Me despido hasta el año que viene (reconozcámoslo, nos encanta decir esto en el mes de diciembre) y de nuevo os deseo que sigáis teniendo esa curiosidad que nos mantiene vivos.

¡Feliz 2019, tradufrikis!