¡Hola, frikis de la lingüística!

Vuelvo a la carga con esta entrada en la que he decidido abordar el temita del bilingüismo a raíz de múltiples conversaciones con amigos, vecinos y familiares. Seguramente haya sido el tema de conversación de alguna de tus cenas de amigos y familiares junto a la monarquía, la corrupción y las sentencias sobre hipotecas. La verdad es que el bilingüismo da para más de una entrada y como sabréis en este momento se están llevando a cabo una infinidad de proyectos de investigación y estudios sobre el tema debido a la implantación del sistema mal denominado “bilingüe” en escuelas, institutos y universidades.

“Trae a tu hijo a nuestra escuela y en dos semanas será bilingüe”, “tengo nivel bilingüe de inglés”, “mi grado universitario es bilingüe pero los profesores solo hablan en español”, “yo le hablo a mi hijo en chino para que el día de mañana sea bilingüe” y un largo etcétera de ejemplos en los que abusamos de esta palabra, que es el dolor de cabeza de los docentes estos días.

¿Pero qué narices es el bilingüismo? ¿Por qué está tan de moda estos días? ¿Puedo comenzar a ser bilingüe aunque sea adulto? ¿Si le hablo a mi hijo en dos idiomas será bilingüe? ¿Qué ventajas aporta el bilingüismo? Como todo en esta vida, no hay nada seguro salvo la muerte (ay madre, qué catastrófica me he vuelto), pero en esta entrada intentaré resolver alguna de estas dudas mediante las teorías y estudios que se han realizado al respecto.

¿Estáis listos? ¡Pues allá vamos!

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1. ¿Y esto del bilingüismo qué es?

Definamos en primer lugar el bilingüismo como una peculiaridad de la conducta de una persona que se caracteriza por utilizar indistintamente un idioma u otro en sus procesos comunicativos. Bilingüe es aquella persona que es capaz de codificar y decodificar señales lingüísticas provenientes de dos idiomas diferentes.

Ahora vamos a hacer una diferencia entre dos tipos de bilingüismo: el coordinado y el compuesto. En el coordinado, el niño desarrolla dos sistemas lingüísticos paralelos. Para una palabra, dispone de dos significantes y de dos significados. Ronjat (1913) plantea que el bilingüismo coordinado se logrará siempre y cuando cada uno de los padres le hable una sola lengua al niño. De esta forma, construye dos sistemas claramente distintos que maneja con destreza. En el bilingüismo coordinado no se observan transferencias entre los dos idiomas (a diferencia del compuesto). Este tipo de bilingüismo se da cuando se hablan las dos lenguas como si fuera una persona monolingüe, sin ninguna interferencia o mezcla (Paradis, 1987).

Por otro lado, en el bilingüismo compuesto, existe un único significado para dos significantes y no se puede detectar las diferencias conceptuales marcadas en los dos idiomas, sino que necesita los dos idiomas para pensar y comunicarse. Los bilingües compuestos son aquellos que atribuyen significados idénticos a palabras de ambos idiomas, lo cual parece que se debe a haber aprendido ambos idiomas en un mismo contexto interactivo. Sin embargo, las personas que han aprendido ambos idiomas en diferentes contextos geográficos, sitios y tiempos parece que conceden distintos significados a palabras y expresiones de ambos idiomas, al tener perfectamente separados los sistemas de significados de cada una de las lenguas.

¿Cómo os quedáis? Ahora que ya sabéis lo qué es bilingüismo, seguramente querréis saber cómo llegar a serlo (de verdad). Bueno a ello vamos.

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2. La adquisición de lenguas

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que existen dos niveles en el aprendizaje de una lengua: el léxico y el fonético. Respecto a la adquisición de vocabulario, siempre aprendemos nuevas palabras y no hay límite de edad. Sin embargo, la edad sí tiene importancia en el aprendizaje de la fonética.

Un estudio dirigido por Núria Sebastián-Gallés (Universidad Pompeu Fabra) y Laura Bosch (Universidad de Barcelona) pone de manifiesto que, hasta los cuatro meses de edad, los bebés (bilingües y monolingües) son capaces de diferenciar entre dos lenguas, porque pueden distinguir las particularidades de cada uno de los fonemas. A partir de los cinco meses, esta habilidad innata empieza a reducirse y los niños van reconociendo solo los sonidos que más escuchan a su alrededor.

En los casos de los bilingües denominados de cuna, no solo están expuestos a los sonidos desde la primera infancia, sino que está acompañado por un componente emocional y de comunicación personal. Según un estudio liderado por Patricia K. Kuhl (Universidad de Washington) se ha considerado que la interacción social es esencial para aprender fonemas y palabras.

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3. Efectos secundarios positivos del bilingüismo (pero el de verdad)

En primer lugar, como ventaja, debemos destacar la conciencia lingüística, que es la competencia que nos permite pensar y reflexionar sobre el lenguaje (Pratt y Grieve, 1984). Autores como Donaldson (1978), Flavell (1977), Hakes et al. (1980) consideran que la conciencia lingüística en la educación preescolar y en los primeros años de primaria se relaciona con la capacidad de reflexionar acerca del proceso de pensamiento e influye en habilidades cognitivas en varios contextos (Pratt y Grieve, 1984). Por ejemplo, Liberman et al. (1974) plantean que esa conciencia es determinante y necesaria para las habilidades de lectoescritura.

Asimismo, Cummins (1976), Peal y Lambert (1962), Tunmer y Myhill (1984) y Bain (1974) plantean que los bilingües poseen una flexibilidad cognitiva superior a la de los monolingües. Esta superioridad se puede medir y observar en pruebas de inteligencia, de formación conceptual, de razonamiento global, de resolución de problemas, y de conocimiento y reflexión acerca de sistemas abstractos y simbólicos, como los sistemas lingüísticos y matemáticos.

Pinto (1993) plantea que el cuidado por evitar las transferencias entre las dos lenguas hace que el bilingüe sea más cuidadoso en sus selecciones lexicales, sintácticas, fonéticas y pragmáticas. Esa capacidad analítica que sustenta el esfuerzo de construcción y de diferenciación de dos sistemas abstractos explicaría, en parte, que la experiencia bilingüe desde la infancia estimula el predominio cerebral izquierdo (Godijns, 1996).

Otro de los autores que comparte esta postura es Duverger (1995), ya que cree que el bilingüismo y la enseñanza bilingüe desarrollan capacidades de abstracción, de forjar conceptos, de tratamiento de la información, de adaptabilidad, así como de creatividad y de pensamiento más abierto y divergente. El bilingüismo completo y fluido resulta en un incremento de las habilidades metacognitivas y metalingüísticas que, a su vez, facilitan la adquisición de la lectura que, también, permite mayores niveles de logros académicos. Al desarrollar un bilingüismo equilibrado y completo que promueve la conciencia lingüística, el niño transfiere esa habilidad a otras áreas de conocimiento y por consiguiente la capacidad metalingüística puede beneficiar a otras disciplinas escolares.

Por último, hay que destacar que todas estas ventajas se harán más patentes en los niños que en los ancianos. El área prefrontal es la parte del cerebro que se termina de desarrollar más tarde en la vida y es de las primeras que se deteriora, entre los 30 y 40 años. Como los bilingües la tienen más entrenada, eso hace que se les acelere el desarrollo y parece que previene o frena la aparición de los síntomas de deterioro.

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4. No es oro todo lo que reluce

Para finalizar esta entrada, vamos a ver que no todo es de color de rosa en el universo de los dioses bilingües. Por ejemplo, hay estudios que muestran que el vocabulario de los bilingües es más limitado. Si se junta la cantidad de palabras, es mayor en el niño bilingüe, pero si se mides por separado, lo cierto es que parece que su vocabulario es más reducido que el del monolingüe. Estas diferencias se reducen rápidamente con el tiempo porque la adquisición de vocabulario dependerá del entorno.

También hay estudios que concluyen que el bilingüismo ralentiza la denominación de los elementos con palabras y que se produce más a menudo el efecto de tener la palabra en la punta de la lengua. Hay una menor velocidad de reacción en la recuperación de las palabras porque el cerebro tiene que discernir entre dos palabras, en una lengua u otra. El cerebro bilingüe va a tener que trabajar más, por lo que llevará a cabo unos procesos cerebrales que requieren más esfuerzo que hablar solo una lengua y se perderá más energía en activar una lengua y desactivar la otra.

Como apunta Albert Costa, coordinador del grupo de Investigación en Producción del Habla y Bilingüismo de la Universitat Pompeu Fabra, a la hora de producir lenguas parece que los bilingües son más lentos y tienen una mayor dificultad para encontrar la palabra deseada. Además, poseen un vocabulario más reducido, aunque cuando se tienen en cuenta las dos lenguas el número de palabras que conocen es superior en comparación con una persona monolingüe.

Espero que con esta entrada haya podido responder a todas vuestras dudas sobre el bilingüismo y la adquisición de lenguas. No voy a entrar a debatir sobre la idoneidad del sistema denominado “bilingüe” en colegios, institutos y universidades, pero sí que me gustaría añadir para finalizar que estas medidas educativas deberían tomarse en consenso con el profesorado y los padres, así como basarse en los estudios llevados a cabo sobre la materia.

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¡Eso es todo amigos!

¡No os perdáis la próxima entrada sobre las diferencias de género en el lenguaje!